Telefónica sigue siendo uno de los valores más vigilados del Ibex, pero la cotización no termina de despegar. Se mueve en torno a los 3,40-3,42 euros, lejos de los máximos del año cerca de 4,60 euros, con una capitalización de unos 19.400 millones. El mercado sigue penalizando el recorte del dividendo y la lentitud en la reducción de deuda.
En el primer semestre de 2026 los ingresos crecieron un 1,7% y el EBITDA ajustado mejoró cerca del 4%. La generación de caja libre se mantiene positiva y la deuda neta continúa bajando de forma gradual. La compañía avanza en la simplificación del portfolio, centrada en los cuatro mercados principales (España, Reino Unido, Alemania y Brasil), y sigue desinvirtiendo en Hispanoamérica. Los resultados de los nueve primeros meses se publicarán a mediados de noviembre.
El punto más sensible sigue siendo el dividendo. Tras el recorte, la remuneración de 2026 queda en 0,15 euros por acción (un solo pago previsto para junio de 2027), lo que deja una rentabilidad en torno al 4,4%. Es un dividendo más sostenible, pero claramente inferior al de años anteriores. La valoración es moderada y el balance sigue siendo el gran lastre frente a competidores más ligeros de deuda.
En resumen, Telefónica ofrece estabilidad relativa dentro del sector telecom, con cierta mejora operativa y un proceso de reducción de deuda que avanza, aunque despacio. Es un valor para perfiles que buscan exposición a telecomunicaciones europeas y un dividendo todavía decente, pero sin grandes expectativas de revalorización a corto plazo. El mercado sigue esperando más visibilidad sobre el crecimiento y un desapalancamiento más claro antes de volver a confiar de forma plena.