Ence (ENC) sigue siendo uno de esos valores industriales que despiertan opiniones divididas, porque combina elementos positivos con riesgos estructurales muy palpables. Por un lado, la empresa ha mostrado en el último ejercicio una mejora operativa interesante, con aumentos en ventas y una demanda relativamente sólida de celulosa, que sigue siendo su principal motor de negocio. Esa fortaleza en el núcleo industrial es clave: sin una demanda base decente, no hay narrativa que aguante, y Ence la tiene en ese segmento tradicional.
Además, los costes de producción han logrado cierto control y la compañía ha trabajado en su eficiencia, lo que ha permitido sostener márgenes incluso en entornos de precios de commodities algo más volátiles. El hecho de que mantenga capacidad de generación de caja operativa hasta cierto punto la coloca en una posición más defensiva que otras industriales puras con balances más tensos.
Sin embargo, también hay puntos que generan preocupación. El más evidente es el tema regulatorio y de concesiones forestales, que lleva años siendo una sombra sobre el título. La incertidumbre sobre la renovación y las condiciones de las concesiones ha creado más volatilidad de la que debería tener una empresa de su tamaño. Eso no solo penaliza la cotización, sino que hace que buena parte de los inversores desconfiemos cuando miramos sus planes a largo plazo: una empresa que depende de permisos y renovaciones estatales vive con un riesgo añadido que otros sectores no tienen.
A eso se suma que su diversificación fuera de la celulosa y la biomasa sigue siendo limitada. La apuesta por energías renovables y subproductos tiene sentido en teoría, pero la realidad es que esas líneas aún no aportan un peso significativo al conjunto de ingresos o beneficios. Si esas iniciativas no se materializan en resultados tangibles pronto, la narrativa de “futuro crecimiento diversificado” podría quedarse en eso: narrativa.
En resumen, Ence es una empresa con fundamentos industriales decentes y generación de caja operativa, pero con una dosis de riesgo regulatorio difícil de ignorar. Para quienes creen en el largo plazo y aceptan volatilidad, puede tener sentido, pero no es una acción sin sombras: la concesión de recursos forestales y la dependencia de ciclos de precios de commodities son factores que hay que monitorizar de cerca.