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Historias de la Bolsa.

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#1441

El colapso del software impulsado por la IA es exagerado

 
En Wall Street, el sector del software lleva semanas bajo presión. El motivo es claro: el temor a que la inteligencia artificial no solo mejore productos, sino que termine redefiniendo el software empresarial tal y como lo conocemos. Y, cuando el mercado huele un cambio de paradigma, suele pasar de la prudencia al pánico en cuestión de sesiones.


Según explica Daniel Howley en el medio original, el punto de inflexión reciente llegó cuando Anthropic actualizó su entorno de trabajo alrededor de Claude —con “plugins” para tareas típicas de legal, marketing, finanzas, datos y ventas— y, casi de inmediato, OpenAI movió ficha con su propia versión. Ese doble golpe alimentó la narrativa de que los creadores de modelos podrían competir de frente con los proveedores tradicionales o facilitar que las empresas fabriquen software interno a gran escala.


El mercado castiga “a todo el índice”



El resultado ha sido un castigo amplio y poco selectivo. En pocas sesiones, nombres muy seguidos por el mercado han sufrido caídas notables: ServiceNow, Thomson Reuters, Intuit, Snowflake o Salesforce, entre otros. La lectura rápida es que el inversor está descontando un escenario en el que la IA se convierte en una “capa” tan potente que reduce el valor de parte del software actual o presiona los modelos de precios.


Pero aquí viene el matiz: no todo el software tiene el mismo riesgo. Jason Ader, analista de William Blair, apuntaba en Yahoo Finance que el mercado está exagerando para buena parte de la industria y que, en momentos así, los índices se venden sin mirar quién hay dentro. La clave, por tanto, es discriminar qué modelos de negocio son más vulnerables y cuáles tienen más capacidad de absorber la ola y salir reforzados.


¿Por qué no es tan fácil “reemplazar” a los gigantes?



Nosotros creemos que el debate no va de si la IA es capaz de programar (lo es cada vez más), sino de si una empresa quiere —y puede— asumir el coste real de construir y mantener sistemas críticos por su cuenta. Como subraya Keith Weiss (Morgan Stanley) en la pieza original, el desarrollo inicial es solo una parte del problema: lo difícil es operar, actualizar, asegurar y gobernar ese software durante años.


Además, el software “gratuito” no es nuevo. Weiss recuerda que el código abierto lleva décadas disponible, y aun así el mercado de proveedores terceros ha prosperado. La explicación es simple: cuando algo ya funciona, y el coste es razonable, las empresas prefieren centrar recursos en su negocio principal antes que “reinventar” un CRM, una nómina o un sistema de datos desde cero con herramientas de IA.

Otro freno importante es la gobernanza del dato. Muchas organizaciones protegen información sensible y no se sienten cómodas abriendo su “tesoro” de datos a modelos o plataformas nuevas si no hay garantías claras. Aquí, los proveedores consolidados parten con ventaja: relación histórica, cumplimiento, controles y responsabilidad compartida.

Lo más probable: integración… y selección natural



Si la IA no “mata” al software, ¿qué hace? Lo más probable es que se incruste dentro del software existente: automatiza tareas, mejora el análisis, acelera flujos de trabajo y eleva el valor percibido. Eso no significa barra libre: algunas compañías no se adaptarán al ritmo, quedarán atrás y perderán relevancia. Pero las que integren bien la IA pueden incluso ampliar su propuesta y defender precios.


En resumen, el mercado está reaccionando como si todo el software fuera igual. Y no lo es. La pregunta para el inversor no es “software sí o no”, sino: ¿quién tiene datos, distribución, producto crítico y capacidad de integrar IA sin destruir su modelo? Ahí es donde probablemente se decida la próxima fase. 


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1442

El pánico por la IA puede estar exagerado… pero aún no es momento de comprar en las caídas


Las tecnológicas, y en especial el software, llevan semanas bajo presión por el temor a que la inteligencia artificial esté cambiando las reglas del juego más rápido de lo que el mercado puede digerir. Y según señala Jefferies, el movimiento puede estar alimentado por un componente emocional y de posicionamiento: quizá la disrupción sea real, pero el pánico colectivo podría estar sobredimensionando el impacto inmediato en muchas compañías.

Un mercado “extraño”: acciones hundidas, índices aguantando



El contexto es llamativo. Estamos viendo auténticos desplomes en valores concretos tras titulares de IA, mientras el S&P 500 se mantiene relativamente cerca de máximos históricos.
 
Eso sugiere que el índice se sostiene por un grupo reducido de compañías grandes, pero debajo de la superficie hay mucha más tensión de la que refleja el titular del índice.

Además, el tono técnico tampoco ayuda: con futuros a la baja y el gráfico apuntando a una posible visita a la media de 100 sesiones, la pregunta es si los “blowouts” individuales se van a contagiar al mercado en general.


La clave no es solo si la IA “disrumpe” o no: es que cuando hay deshaces de posiciones y flujos forzados, el precio puede caer más de lo que justifican los fundamentales, y durante más tiempo del que uno espera.

Jefferies: no comprar la caída demasiado pronto



Jefferies lo resume con una idea muy operativa: no están de acuerdo con el frenesí, pero tampoco quieren ponerse delante de un mercado que está deshaciendo posiciones. Es decir, puede haber exageración, pero eso no garantiza que haya suelo ya.

En lugar de lanzarse a comprar por simple descuento, el enfoque que proponen es más selectivo: el mercado va a premiar a las compañías que demuestren ventajas de costes gracias a la IA, y va a castigar a las que vean daño en ingresos (porque su producto se comoditiza, porque el cliente hace “in-house”, o porque la IA reduce la necesidad de pagar por ciertas licencias/servicios).

Nueva fase del trade de IA: del “crecimiento” al “enséñame el dinero”



El texto refleja un cambio de narrativa muy típico en este tipo de ciclos. Empezamos 2026 hablando de rentabilidad y márgenes, luego el foco giró a energía y centros de datos, después llegó el “show me the money” (demuestra monetización), y ahora el debate se desplaza a quién integra IA de forma eficiente en términos de beneficio y coste de capital.
En cristiano: el mercado ya no compra solo una historia. Quiere números, y quiere que la IA se vea en la cuenta de resultados sin que el capex se coma todo el retorno.

Qué haríamos nosotros con esta idea



La recomendación práctica que deja Jefferies es clara: invertir tiempo en separar ganadores de perdedores y mantener liquidez para entrar con mejor timing, en vez de intentar adivinar el mínimo. En el corto plazo, lo más importante será detectar:


  • Ganadores: empresas que usen IA para automatizar costes, subir productividad y mejorar márgenes sin disparar el capex.

  • Perdedores: modelos con riesgo de erosión de ingresos, sustitución del producto, o presión de precios por “comoditización” vía IA.

  • Señales de suelo: estabilización de flujos, menor volatilidad y guías empresariales que despejen dudas de demanda.

En resumen, Jefferies reconoce que el miedo puede estar sobredimensionado, pero su mensaje es disciplinado: en un mercado de rotaciones rápidas y narrativas que cambian a velocidad de vértigo, la paciencia y la selección valen más que el impulso de comprar cualquier caída.





No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.