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“Porque las mismas cosas tienen, en distintos días, distintos modos de acontecer y lo que ocurrió bajo la lluvia, sólo bajo la lluvia puede ser contado y recordado”

R.Sánchez Ferlosio, Alfanhuí



Como continuación de un texto anterior  en este mismo blog (El mercado de Adam Smith) se me ocurre que si la noción de mercado que usa hoy la Teoría Económica (el mercado de competencia perfecta) se acomoda mal para su uso cuando se quiere dar cuenta de las relaciones mercantiles en los tiempos de Adam Smith, surge la cuestión de si no pasará lo mismo para con muchos de los conceptos que definen el corpus teórico de la Economía. O, dicho de otra manera, ¿es útil la Teoría Económica para la Historia Económica?

 

Pues bien, la respuesta no puede ser meramente pragmática, del estilo de que la prueba de que sí es útil es que hay reputados historiadores económicos que tiene a gala usar de la Teoría Económica pues hoy goza de tanta fama la Teoría Económica, autoproclamada "reina de las ciencias sociales", que son legión los no economistas (sociólogos, historiadores, científicos políticos, antropólogos ..y hasta biólogos) que aspiran a vestirse con sus galas deseosos de estar a la última moda intelectual, lo que no garantiza que no pase como sucede en el conocido cuento de Andersen, y que esas galas no sean sino harapos que sólo esconden la desnudez intelectiva.

 

 

 

 

Es decir, que si la Teoría Económica es útil para la Historia Económica lo será por razones conceptuales y metodológicas. Y, en principio, no parecería haber ningún obstáculo para ello pues la Teoría Económica presume de fundar sus argumentaciones en unos sólidos universales válidos para todo tiempo y lugar. Conceptos como los de escasez, racionalidad instrumental, análisis coste-beneficio, derechos de propiedad, costes de transacción, costes de oportunidad, precios relativos, etc. serían conceptos pertinentes para analizar la estructura económica y el comportamiento económico de toda sociedad por lo que la Economía como ciencia, o sea el conjunto de proposiciones elaboradas a partir de ellos, sería una herramienta imprescindible para la Historia Económica.

 

 

 

 

Pero si bien esta es la posición dominante, ni mucho menos es indiscutible, Karl Polanyi (en su obra El sustento del hombre) enfrentó esta idea de una Economía formal como lógica abstracta de la elección en un contexto de escasez con lo que denominó una Economía sustantiva, para la que esa lógica de la toma de decisiones racional es secundaria, y en la quie acentuaría por contra la inserción de lo económico en un marco social y natural. En este enfoque sustantivista habría que entender la Economía como el estudio de cómo los seres humanos "se buscan la vida" adaptándose a y modificando su entorno natural y social. Con arreglo a este enfoque, lo económico estaría por tanto incrustado ("embedded") en un marco más general, cultural, político y social que lo regularía de modo que su funcionamiento no obedecería a una lógica autónoma propia sino que la lógica económica siempre estaría mediatizada por el marco más general.

 

 

 

 

Pongamos un ejemplo. A la hora de estudiar las causas de los cambios en la oferta de trabajo entre diferentes ocupaciones la Economía formal suele referirse sustancialmente a las variaciones de salarios relativos entre las diferentes ocupaciones, de modo que si un empresario quiere atraerse trabajadores a su empresa el medio más fiable sería pagar un salario más alto que en las ocupaciones alternativas. Y posiblemente, este fuera el enfoque más apropiado para estudiar los cambios en las ocupaciones en el mundo actual, pero ¿serviría este enfoque para explicar cambios en la ocupación en otras situaciones históricas?
 
Veamos un ejemplo por lo demás curioso. Cuenta Dennis Gabor que "en el último cuarto del siglo XIX el gran industrial Werner von Siemens envió a uno de sus hermanos al Cáucaso para explotar las minas de cobre de la región. Pero la gente de aquellos valles vivía feliz, no quería ir a la mina; hasta que uno de los ingenieros tuvo una idea. Abrió una tienda en la que se mostraban hermosos vestidos, telas y baratijas, que podían obtenerse sólo a cambio de dinero. No pasó mucho tiempo antes de que las mujeres arrastraran a sus hombres a las minas". Se trata, obviamente, tan sólo de una anécdota que por sí no puede elevarse a categoría (si bien se podrían citar otros procesos histórico-económicos como la mismísima Revolución Industrial o el movimiento de los "enclosures", donde tampoco la estricta lógica económica parece dar cuenta del entero acontecer) que plantea cómo los mecanismos de ajuste económico no actuaban en las sociedades tradicionales autónomamente sino que estaban insertos en un complejo cultural, conjunto de trabazones interpersonales que, como bien saben los economistas del desarrollo, ha de romperse para que la lógica de la modernización económica se desenvuelva si se quiere empezar un proceso de modernización (curioso, por demás, el papel de las mujeres en ese proceso a tenor de lo que cuenta la anécdota). Dicho de otro modo, los mecanismos económicos sólo actúan en solitario siguiendo la lógica que describe la Teoría Económica como Economía formal en -como diría Polanyi- sociedades ya enteramente económicas, es decir, donde la esfera económica se ha autonomizado respecto a las demás esferas sociales (la política, la cultural, etc.) y en último término las domina.

 

 

 

 
En suma, que parafraseando a Ferlosio en la cita inicial, lo que sucedió en otro contexto histórico es muy posible que sólo bajo unos conceptos propios para ese periodo pueda ser contado y recordado.
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