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                                        FERNANDO ESTEVE MORA

No es infrecuente que la literatura, los mitos, nos den la clave para entender lo que pasa y nos pasa. Leyendo el torbellino de opiniones y comentarios que ha desatado la decisión de la administración Trump de tirar por tierra la mayor parte de los oropeles (que no de la parte mollar) del sistema internacional creado en Bretton Woods en 1944, me he acordado del cuento del escorpión y de la rana:  

"Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:
—Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda…
—¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu
aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.
—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te
hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:
—Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.
Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:
—Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.
El escorpión se colocó sobre la
resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.
Cuando habían llegado a la mitad del
 trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:
—No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.
Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:
—Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.
Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río".

Conozco, incluso personalmente, a bastantes de los "eruditos" que en esto días se rasgan las vestiduras y muestran su asombro ante lo que Trump ha hecho y estaba haciendo. Pero, -me digo-, cómo es posible que tan reputados  "erudos" aun no supieran que un escorpión es un escorpión, es decir, que un imperio es un imperio y que siempre siempre acaba comportándose  como tal. Y que toda aquella monserga  de un orden internacional basado en reglas al que todos debiéramos contribuir incluso con nuestras haciendas e incluso vidas, no era sino una construcción al servicio del emperador y cuya duración estuvo siempre condicionada a que le sirviese para sus fines.

Lo único que nos queda por saber es si, como se cuenta en el cuento, los dos, o sea, tanto el escorpión norteamericano como la ranita europea se los lleva por delante el rio de la Historia. Pero, puestos a apostar, yo apostaría a que al final el escorpión imperial se acaba salvando. Y la ranita europea se ahoga, eso sí, dialogando, siempre dialogando...


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