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Rumores de mercado.

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Trade Republic ofrece cuenta en euros al 2,02% TAE y acceso a acciones, ETFs y otros productos

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Bitcoin se quita la máscara: ni refugio ni oro digital, solo riesgo


La última oleada de ventas en bitcoin está obligando al mercado a revisar algunas de las ideas más arraigadas sobre la criptomoneda. El activo, que durante años fue presentado como una cobertura frente a la devaluación de las divisas y al exceso de endeudamiento público, ha perdido más del 50% de su valor desde los máximos registrados a comienzos de octubre, y lo ha hecho en un momento en el que el dólar estadounidense se ha debilitado y el oro ha subido con fuerza.


Este comportamiento ha resultado desconcertante incluso para inversores veteranos del ecosistema cripto. Lejos de actuar como “oro digital”, bitcoin ha reaccionado como un activo claramente risk-on, amplificando los movimientos del mercado en lugar de amortiguarlos. En las sesiones más recientes, el precio llegó a caer más de un 15% en un solo día, marcando su peor jornada desde 2022 y situándose en niveles no vistos desde finales de 2024.

Bitcoin, cada vez más cerca de la tecnología especulativa



Uno de los datos que más daño hace a la narrativa clásica de bitcoin es su comportamiento estadístico frente a otros activos. En las últimas semanas, la correlación del precio de bitcoin con productos apalancados ligados al Nasdaq ha sido claramente superior a la que mantiene con el oro. En la práctica, esto implica que bitcoin se mueve más como una acción tecnológica altamente apalancada que como un activo refugio.


Este patrón cuestiona seriamente su utilidad como elemento diversificador dentro de una cartera. En episodios de tensión, bitcoin no solo no protege, sino que suele caer con mayor violencia que otros activos de riesgo.


A medida que esta realidad se impone, muchos inversores empiezan a asumir que bitcoin no es una apuesta defensiva frente a la inflación o al deterioro fiscal, sino un activo extremadamente sensible a la liquidez, al apetito por el riesgo y al comportamiento del sector tecnológico.

De alternativa al sistema a activo integrado en Wall Street



Otro de los grandes mitos que se está erosionando es el de bitcoin como alternativa descentralizada al sistema financiero tradicional. Con el paso del tiempo, el ecosistema cripto se ha ido integrando progresivamente en las estructuras de Wall Street: ETFs, arbitraje institucional, grandes gestoras y bancos de inversión forman hoy parte central del mercado.


Lo que comenzó como un movimiento “anti-sistema” ha acabado siendo un activo más dentro del engranaje financiero global, sujeto a las mismas dinámicas de flujos, expectativas y decepciones que cualquier otro instrumento especulativo.


Este cambio también ha pasado factura a las compañías que construyeron su modelo sobre la acumulación masiva de bitcoin. Empresas que antes cotizaban con una fuerte prima sobre el valor de sus tenencias ahora lo hacen con descuento, reflejando el desgaste de la confianza y el fin de la idea de una subida permanente e inevitable.

Más dudas: utilidad real y riesgos tecnológicos



Aunque la tecnología blockchain ha encontrado aplicaciones reales —como las stablecoins o la tokenización de activos—, su adopción no se ha traducido necesariamente en un mayor valor intrínseco para bitcoin. La expansión de estas soluciones no garantiza que la criptomoneda líder se beneficie directamente de ellas.

A todo ello se suma una nueva fuente de inquietud: el avance de la computación cuántica.
 
Algunos analistas advierten de que, a largo plazo, esta tecnología podría poner en riesgo la seguridad criptográfica de parte de la red, especialmente de los bitcoins almacenados en carteras antiguas que no podrían adaptarse a nuevos protocolos más resistentes.


Las estimaciones más conservadoras apuntan a que hasta un 25% del suministro actual podría verse potencialmente expuesto si la computación cuántica alcanza un nivel suficiente, un riesgo que hasta hace poco apenas se contemplaba en el precio.


En definitiva, la última corrección no solo ha sido un ajuste de precios, sino un ajuste de expectativas. Bitcoin sigue siendo un activo relevante y con un papel claro dentro del universo especulativo, pero cada vez cuesta más sostener los grandes mitos que impulsaron su popularidad. Para muchos inversores, el debate ya no es si volverá a máximos, sino qué es realmente bitcoin dentro de una cartera: refugio, tecnología o simple activo de riesgo.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1682

El S&P 500 entra en rojo en 2026 y el mercado empieza a oler problemas


 
La sesión del jueves en Wall Street supuso un punto de inflexión psicológico: el índice S&P 500 se giró a negativo en el acumulado del año tras caer en torno a un 1,2%, en un movimiento que arrastró también al Dow Jones y al Nasdaq Composite, con descensos similares. Nueve de los once sectores del S&P 500 cerraron en rojo y el llamado “índice del miedo”, el VIX, marcó máximos de 2026, señal de que la inquietud empieza a calar de forma más amplia entre los inversores.


El detonante adicional de la jornada llegó por el lado macro: las ofertas de empleo de diciembre cayeron hasta 6,5 millones, su nivel más bajo desde la etapa 2020-2021. Este dato reavivó los temores a un enfriamiento más acusado del mercado laboral estadounidense y golpeó con fuerza a los valores de pequeña capitalización del Russell 2000 y a todo el “rotation trade” que venía favoreciendo a industriales, defensa y transporte frente a la tecnología.

Dolor en la tecnología y corrección sectorial



Las grandes tecnológicas volvieron a acaparar titulares, pero esta vez por el lado negativo. Dentro del grupo de los llamados “Siete Magníficos”, Microsoft profundizó su entrada en mercado bajista, con sus acciones ya más de un 27% por debajo del máximo del 28 de octubre. Otros gigantes como Alphabet, Apple o Meta aún mantienen saldos positivos en 2026, pero el mensaje de fondo es claro: la apuesta por la IA ya no se descuenta de forma homogénea y los inversores empiezan a seleccionar ganadores y perdedores dentro del propio sector.


El sector de información tecnológica del S&P 500 confirmó su entrada en fase de corrección al acumular más de un 10% de caída desde sus máximos de finales de octubre. Lo que durante tres años fue un mercado alcista muy concentrado en tecnología se está transformando en un ajuste más amplio, con menos paciencia para las narrativas y más sensibilidad a los datos.

Metales, cripto y señal de “malestar” en la volatilidad



La corrección no se ha limitado a la renta variable. Tras semanas de euforia en torno a un posible “superciclo” de materias primas, oro y plata encadenan caídas notables, con esta última desplomándose más de un 14% en la sesión. Al mismo tiempo, bitcoin volvió a ceder con fuerza, perforando los 63.000 dólares y situándose en torno a un 50% por debajo de su máximo histórico de octubre de 2025.


La subida del VIX hasta la zona de 22 puntos ha llevado a algunos analistas a describir la situación como “un estómago revuelto del mercado”: una señal de que algo no termina de cuadrar y que conviene no ignorar, especialmente para quienes no toleran bien episodios de alta volatilidad.

¿Dónde se refugia el dinero ahora?



Con la renta variable presionada y los activos “de moda” corrigiendo al mismo tiempo, muchos inversores están migrando hacia segmentos tradicionalmente defensivos. En la sesión destacaron ligeros avances en utilities y compañías de consumo básico, mientras que en renta fija se vio una fuerte demanda de Treasuries a 10 y 30 años, con descensos claros en sus rendimientos.

Paralelamente, los fondos monetarios siguen recibiendo flujos constantes: en la última semana se añadieron más de 13.000 millones de dólares, elevando el volumen total gestionado hasta aproximadamente 7,7 billones de dólares. Es una señal evidente de que una parte relevante del mercado prefiere, por ahora, la seguridad del efectivo remunerado antes que seguir asumiendo riesgos en un entorno donde la narrativa de “aterrizaje suave” empieza a ser cuestionada por los datos.

En conjunto, el giro del S&P 500 a negativo en el año, el deterioro de los indicadores de empleo y el castigo simultáneo a tecnología, metales y cripto dibujan un escenario en el que la prioridad del inversor vuelve a ser la gestión del riesgo más que la búsqueda agresiva de rentabilidad.





 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.