FERNANDO ESTEVE MORA
Juan Pérez, un currante nato, a quien sus amigos llaman "innoveitor", lo que ya lo dice todo, está decidido a montar una empresa. Y no porque "el cuerpo se lo pida", sino porque lo ha pensado largo y tendido.Aunque es un hombre eminentemente práctico, un hombre de acción, que desprecia a los "teóricos" que nunca se "mojan el culo", que nunca se la juegan, esta vez ha decidido, aunque su decisión en el fondo está tomada, darles gusto, por lo que ha hecho un estudio "teórico" de su empresa en que tras agregar y ponderar los riesgos y amenazas que le pueden surgir en el camino empresarial que está dispuesto a emprender, resulta evidente que la "lógica" avala su decisión. Son cinco las dimensiones problemáticas que ha de afrontar su empresa:
1º) Los clientes. Está claro que si no hay clientes, hasta la "mejor" empresa está condenada al fracaso. Y, claro, el saber de antemano si tendrá los necesarios clientes es difícil, por no decir imposible. Pero Juan Pérez tiene mucha confianza no sólo en sí mismo y en el producto que va a sacar al mercado sino también en la marcha de la economía en general, pues a fin de cuentas, sus clientes ,para serlo, han de tener dinero o sea han de tener un un empleo o tener cierto éxito en sus ocupaciones económicas, pues si no no le podrán comprar. Pero, como ya se ha dicho, Juan es optimista y está casi seguro de que tendrá los necesarios clientes. Vamos que si se le presionase, diría que su probabilidad de éxito en el mercado o sea de que su empresa tenga los necesarios clientes es muy elevada, de un 80%
2º) Los trabajadores. Sí, los empleados. Y es que para sacar un "buen" producto los "curritos" han de poner de su parte, que si no pues las cosas hasta en los mejores proyectos empresariales se ponen "crudas". ¿Cómo se comportarán los "curritos"? Nunca se sabe. Pero Juan Pérez piensa que con un poco de mano izquierda, buen trato, buenos salarios y oportunidades de promoción, pues las cosa laboral puede ir suave, aunque -se repite- nunca se sabe con total seguridad. Pero seamos optimistas, piensa Juan, demos un 80% a la probabilidad de que ni haya empleados tóxicos ni sindicalistas tocapelotas ni nada que enturbie las relaciones laborales y gripe el motor de la empresa.
3º) Los proveedores. Su experiencia en otras empresas le ha hecho a Juan Pérez, el "innoveitor" del barrio, ser consciente de que los niveles de informalidad de los proveedores pueden dar al traste con cualquier empresa, que en ese mundo todo el mundo va a la suya. De nuevo, sólo Dios sabe cómo se comportarán sus proveedores, si le servirán a tiempo y con la calidad necesaria. Le han hablado de unos que parecen ser "gente seria". De nuevo, seamos optimistas -se dice Juan Pérez-, razonemos suponiendo que los proveedores van a cumplir como Dios manda con un 80% de probabilidad.
4º) El banco. ¡Ay el banco! Sí, todo el mundo lo sabe. Al principio todo son sonrisas y facilidades, pero basta un par de retrasos en las cuotas del préstamo, para que de pronto todo se vuelva agrio. ¿Quién lo sabe? Una vez más, Juan confía en su buena suerte y quiere pensar que las relaciones con el banco serán siempre fáciles con una probabilidad del 80%.
5º) La administración. Para que las cosas funcionen hay, finalmente, que superar al gran monstruo: la administración, cuyas infinitas y siempre cambiantes regulaciones de todo tipo administrativas, ecológicas, laborales, etc., etc,,etc, pueden acabar en cualquier momento con una empresa ante la menor denuncia de los trabajadores, los competidores, las feministas, los ecologistas, los vecinos,etc., etc., etc. Da miedo pensarlo. Siempre hay alguna norma vieja o nueva que puede hacerte polvo, piensa Juan. Pero, una vez más, cree que lo más probable es que no tenga problemas burocráticos. Vamos, que por poner una cifra a esa "seguridad", Juan Pérez cree que tiene un 80% de probabilidades de sortear todas las siempre variables y renovadas regulaciones de su ayuntamiento, de la comunidad autónoma, del estado, de la unión europea y hasta del imperio galáctico.
Juan Pérez está satisfecho. Frente a todos aquellos que se meten a "crear" empresas a tontas y a locas, él es diferente: ha hecho todo un estudio. Está satisfecho de sí mismo. Y de él sigue o concluye que dado que la probabilidad de éxito en cada una de las dimensiones problemáticas para una empresa es del 80%, piensa que la probabilidad de que "su" empresa tenga éxito es del 80%. Es por tanto una inversión bastante segura, casi muy segura...Así que de cabeza se lanza a ella. A fin de cuentas, ¿no es él un emprendedor, una ejemplo más de ese tipo humano que todos los seres humanos debemos emular y aplaudir?
Juan Pérez se equivoca. La probabilidad real, matemáticamente bien calculada de que su empresa fracase, no es de un 20%, sino de un 67,4%, repito de casi un 70%, ( la probabilidad de éxito es= 80% x 80% x 80% x 80% x 80%= 32,6%). O sea, que NO debería si fuese un poco sensato, un poco racional, o sea, razonable, meterse en ese negocio. ¿Participaría alguien racional voluntariamente en una "ruleta rusa" en que al menos cuatro de las seis recámaras del tambor del revólver tuvieran cartuchos con bala dentro?
Pero lo hace. Su empresa será casi sin dudas otra más de las que morirán antes de cumplir tres años y no porque Juan Pérez lo haga mal. No porque no sea un "buen" empresario. Tampoco lo serán otros muchos , la mayoría quizás, de los que van inexorablemente a fracasar: sencillamente es que en el " mercado" o hay hueco para todos. Volviendo al post anterior, eso es exactamente lo que pasa en la Naturaleza con las especies que siguen una estrategia de "reproducción en masa".
A lo mejor, a Juan Pérez los hados le son favorables, tiene suerte, y su empresa es de las que se salvan en una primera ronda o quizás hasta en rondas sucesivas de la siega que es la "destrucción creativa (Schumpeter) del mercado. ¿Dependerá esto de lo que él haga? ¿Dependerá de su mérito particular? Pues, hay que repetirlo, no. Dependerá de la suerte, del azar. ¿Es tan difícil de comprender que la suerte juega un gran papel en la economía, en dónde el éxito y fracaso depende de lo que ocurra en un futuro siempre incierto e impredecible? ¿Es tan difícil quitarse de la cabeza, a la inversa, esa moralidad estúpida de achacar siempre el fracaso a una deficiencia moral, a un pecado?
Pero sigamos, a lo mejor Juan Pérez por suerte no quiebra como les pasará a otros muchos tan buenos empresarios como él, puede ser que como empresario de éxito sus opiniones sean valoradas, imparta cursillos de formación en liderazgo y emprendimiento, o -incluso- llegue a ser consultado y sus opiniones seguidas, antes de tomar alguna importante decisión económica, por el presidente de su comunidad de vecinos, el alcalde de su pueblo, el presidente de su comunidad autónoma o el presidente del gobierno. Muchos pensarán no sólo que se merece esas deferencias sino que es lo lógico y adecuado porque ha tenido éxito.Y estarán equivocados.
Juan Pérez, un currante nato, a quien sus amigos llaman "innoveitor", lo que ya lo dice todo, está decidido a montar una empresa. Y no porque "el cuerpo se lo pida", sino porque lo ha pensado largo y tendido.Aunque es un hombre eminentemente práctico, un hombre de acción, que desprecia a los "teóricos" que nunca se "mojan el culo", que nunca se la juegan, esta vez ha decidido, aunque su decisión en el fondo está tomada, darles gusto, por lo que ha hecho un estudio "teórico" de su empresa en que tras agregar y ponderar los riesgos y amenazas que le pueden surgir en el camino empresarial que está dispuesto a emprender, resulta evidente que la "lógica" avala su decisión. Son cinco las dimensiones problemáticas que ha de afrontar su empresa:
1º) Los clientes. Está claro que si no hay clientes, hasta la "mejor" empresa está condenada al fracaso. Y, claro, el saber de antemano si tendrá los necesarios clientes es difícil, por no decir imposible. Pero Juan Pérez tiene mucha confianza no sólo en sí mismo y en el producto que va a sacar al mercado sino también en la marcha de la economía en general, pues a fin de cuentas, sus clientes ,para serlo, han de tener dinero o sea han de tener un un empleo o tener cierto éxito en sus ocupaciones económicas, pues si no no le podrán comprar. Pero, como ya se ha dicho, Juan es optimista y está casi seguro de que tendrá los necesarios clientes. Vamos que si se le presionase, diría que su probabilidad de éxito en el mercado o sea de que su empresa tenga los necesarios clientes es muy elevada, de un 80%
2º) Los trabajadores. Sí, los empleados. Y es que para sacar un "buen" producto los "curritos" han de poner de su parte, que si no pues las cosas hasta en los mejores proyectos empresariales se ponen "crudas". ¿Cómo se comportarán los "curritos"? Nunca se sabe. Pero Juan Pérez piensa que con un poco de mano izquierda, buen trato, buenos salarios y oportunidades de promoción, pues las cosa laboral puede ir suave, aunque -se repite- nunca se sabe con total seguridad. Pero seamos optimistas, piensa Juan, demos un 80% a la probabilidad de que ni haya empleados tóxicos ni sindicalistas tocapelotas ni nada que enturbie las relaciones laborales y gripe el motor de la empresa.
3º) Los proveedores. Su experiencia en otras empresas le ha hecho a Juan Pérez, el "innoveitor" del barrio, ser consciente de que los niveles de informalidad de los proveedores pueden dar al traste con cualquier empresa, que en ese mundo todo el mundo va a la suya. De nuevo, sólo Dios sabe cómo se comportarán sus proveedores, si le servirán a tiempo y con la calidad necesaria. Le han hablado de unos que parecen ser "gente seria". De nuevo, seamos optimistas -se dice Juan Pérez-, razonemos suponiendo que los proveedores van a cumplir como Dios manda con un 80% de probabilidad.
4º) El banco. ¡Ay el banco! Sí, todo el mundo lo sabe. Al principio todo son sonrisas y facilidades, pero basta un par de retrasos en las cuotas del préstamo, para que de pronto todo se vuelva agrio. ¿Quién lo sabe? Una vez más, Juan confía en su buena suerte y quiere pensar que las relaciones con el banco serán siempre fáciles con una probabilidad del 80%.
5º) La administración. Para que las cosas funcionen hay, finalmente, que superar al gran monstruo: la administración, cuyas infinitas y siempre cambiantes regulaciones de todo tipo administrativas, ecológicas, laborales, etc., etc,,etc, pueden acabar en cualquier momento con una empresa ante la menor denuncia de los trabajadores, los competidores, las feministas, los ecologistas, los vecinos,etc., etc., etc. Da miedo pensarlo. Siempre hay alguna norma vieja o nueva que puede hacerte polvo, piensa Juan. Pero, una vez más, cree que lo más probable es que no tenga problemas burocráticos. Vamos, que por poner una cifra a esa "seguridad", Juan Pérez cree que tiene un 80% de probabilidades de sortear todas las siempre variables y renovadas regulaciones de su ayuntamiento, de la comunidad autónoma, del estado, de la unión europea y hasta del imperio galáctico.
Juan Pérez está satisfecho. Frente a todos aquellos que se meten a "crear" empresas a tontas y a locas, él es diferente: ha hecho todo un estudio. Está satisfecho de sí mismo. Y de él sigue o concluye que dado que la probabilidad de éxito en cada una de las dimensiones problemáticas para una empresa es del 80%, piensa que la probabilidad de que "su" empresa tenga éxito es del 80%. Es por tanto una inversión bastante segura, casi muy segura...Así que de cabeza se lanza a ella. A fin de cuentas, ¿no es él un emprendedor, una ejemplo más de ese tipo humano que todos los seres humanos debemos emular y aplaudir?
Juan Pérez se equivoca. La probabilidad real, matemáticamente bien calculada de que su empresa fracase, no es de un 20%, sino de un 67,4%, repito de casi un 70%, ( la probabilidad de éxito es= 80% x 80% x 80% x 80% x 80%= 32,6%). O sea, que NO debería si fuese un poco sensato, un poco racional, o sea, razonable, meterse en ese negocio. ¿Participaría alguien racional voluntariamente en una "ruleta rusa" en que al menos cuatro de las seis recámaras del tambor del revólver tuvieran cartuchos con bala dentro?
Pero lo hace. Su empresa será casi sin dudas otra más de las que morirán antes de cumplir tres años y no porque Juan Pérez lo haga mal. No porque no sea un "buen" empresario. Tampoco lo serán otros muchos , la mayoría quizás, de los que van inexorablemente a fracasar: sencillamente es que en el " mercado" o hay hueco para todos. Volviendo al post anterior, eso es exactamente lo que pasa en la Naturaleza con las especies que siguen una estrategia de "reproducción en masa".
A lo mejor, a Juan Pérez los hados le son favorables, tiene suerte, y su empresa es de las que se salvan en una primera ronda o quizás hasta en rondas sucesivas de la siega que es la "destrucción creativa (Schumpeter) del mercado. ¿Dependerá esto de lo que él haga? ¿Dependerá de su mérito particular? Pues, hay que repetirlo, no. Dependerá de la suerte, del azar. ¿Es tan difícil de comprender que la suerte juega un gran papel en la economía, en dónde el éxito y fracaso depende de lo que ocurra en un futuro siempre incierto e impredecible? ¿Es tan difícil quitarse de la cabeza, a la inversa, esa moralidad estúpida de achacar siempre el fracaso a una deficiencia moral, a un pecado?
Pero sigamos, a lo mejor Juan Pérez por suerte no quiebra como les pasará a otros muchos tan buenos empresarios como él, puede ser que como empresario de éxito sus opiniones sean valoradas, imparta cursillos de formación en liderazgo y emprendimiento, o -incluso- llegue a ser consultado y sus opiniones seguidas, antes de tomar alguna importante decisión económica, por el presidente de su comunidad de vecinos, el alcalde de su pueblo, el presidente de su comunidad autónoma o el presidente del gobierno. Muchos pensarán no sólo que se merece esas deferencias sino que es lo lógico y adecuado porque ha tenido éxito.Y estarán equivocados.